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viernes, 9 de abril de 2010

Días de Paz

Supongamos que un día me despierto totalmente harto de todo. Aturdido por la ciudad, por sus ruidos, por sus movimientos por su gente. Por mas que se quiera escapar, te muevas para donde te muevas, te tapes con lo que te tapes, todo sigue ahí y cada vez se escucha mas fuerte. El sonido de la ciudad, de la tecnologia, del PIIUUU PIIUUUU PIIUUUU de las alarmas de los choches, de los colectivos, de las bocinas, del irritante fluorecente de la cocina, del zumbido incesante de la computadora, de los gritos de los vecinos, de las frenadas de los coches, del TURUTUUUM TURUTUUUM del msn, de las sirenas de la policia, de los aviones pasando, del helicoptero de prefectura, TOODOOO se vuelve insoportable.

Asi sucedió y por tal motivo escapé. Bolso en mano, mochila a la espalda, pastillas de los nervios en bolsillo, subi al primer colectivo que me lleve a la tranquilidad, a donde el mundo recomienda ir cuando queremos tranquilidad: al campo.
La mañana siguiente estaba en donde cualquiera diría es un paraiso de la tranquilidad. En medio de las sierras virgenes, una casa simple, un arroyo cercano, arboles de todo tipo, verde para donde se mire.
Ahora, que alguien busque al maldito, insencible y patán sujeto que aseguró por primera vez que el campo era sinónimo de tranquilidad para poder apedrearlo públicamente por embustero e hijo de trabajadoras nocturnas gauchitas.
Hay un problema básico de interpretación: o el campo no es sinónimo de tranquilidad, o la tranquilidad no tiene absolutamente nada que ver con el silencio.
Paso a informarles: el silencio en las sierras NO EXISTE. Literalmente, no hay un solo segundo de silencio, no lo hay.
Comienza de día. Si ustedes piensan que los dos gorriones y las tres palomas en la plazita cercana se escuchan, imaginense lo que son decenas de palomas, cotorras, benteveos, pajaros carpinteros y demas aves inclasificables que ¡¡GRITAN GRITAN Y GRITAN sin cesar!!. Ahora, seguro vieron en sus patios alguna que otra aveja, o avispa polinizando felizmente sus bellas florcitas, no creo que puedan escucharlas, pero... alguna vez estuvieron cerca de una ENORME cantidad de avejas, avispas y bichos zumbadores juntos, que se mueven, y mueven y mueven sin cesar todo el día disfrutando de como sus casi sordos zumbidos individuales se vuelven un gran woofer potente e intimidador (y algunos que se empeñan en negarme que la naturaleza incita al comunismo). Ahora a culturizar. No, los grillos no cantan solo de noche, tambien lo hacen de día, TODO el día, ¿y saben porque le dicen cantar?, ¡porque seguro escucharon uno solo!, en la sierra hay por doquier y no cantan ¡HACEN RUIDO!¡MUCHO RUIDO!.
No importa... ya oscurece, ya todos los hermosos animalitos y bichitos se van a ir a dormir... diría: ¡que iluso!... pero queda chico, asi que digo: -¡que idiota!-.
De noche se produce el concierto natural mas grande de la historia, noche tras noche, siempre la misma melodía tituláda: "Quilombo sonoro incomprensible generador de ganas de morir instantaneamente en Do mayor para animales silvestres, piano y cuerdas". Les pediría que se imaginen como hice con el resto de las descripciones, pero es imposible, la nocturnidad altera a absolutamente toda criatura viviente en las sierras, como si algún gnomo del bosque se encargara de repartir sus sustancias motivadoras a todos y cada uno. Grillos, pajaros, toros, vacas, perros, caballos, pumas, zorros, murcielagos, iguanas, hormigas y ¡hasta los peces!, todos gritan con una unica consigna: que nos escuchen tan lejos como sea posible. Los aplausos jamás llegan, porque la obra jamás termina.
En fin, volví a la ciudad disfutando como nunca el sonido constante del motor del colectivo, la lluvia del mal sonido del televisor y los celulares que nadie pone en silencio. Quizas los animales deberian de viajar a la ciudad para buscar la paz y poder volver sin tanta necesidad de gritar y quizas nosotros debamos aprender que la paz no depende del lugar externo sino de nuestro interior. Para la próxima pruebo con Activia.