sábado, 10 de julio de 2010

Tu cartuchera y vos

     Es muy fácil encasillar a las personas. Medirlas con un molde de personalidad y así poder clasificarlas en el estante o cajón que corresponda. Hoy les voy a presentar una de las colecciones de moldes más populares. 
     Las personas, principalmente los jóvenes estudiantes (a los cuales nos vamos a dedicar en este paper profesional), pueden ser clasificadas según su cartuchera. Si, su cartuchera. Ese recipiente de tamaño pequeño que contiene los útiles de librería y otros elementos de diversos orígenes que nada tienen que ver con el estudio o el propósito para el cual se creó la cartuchera.

  El principal agente clasificador es el tipo. Este es el agente que demuestra que no existe el universitario normal. Nadie tiene una cartuchera normal, a pesar de que todos creen tenerla. Lo mas común son las cartucheras tipo sobre, indicador alevoso de una importante falta de personalidad al querer evitar distinguirse mediante su cartuchera. El motivo principal es un alto grado de reemplazo de creatividad por horas televisivas. Algunas son mas altas que otras lo que indica un claro trauma con el largo de sus dedos, una cartuchera alta disimula la desagradable longitud a la hora de buscar algo dentro. Una cartuchera baja muestra la inutilidad de sus dedos al poder buscar algo en otro tipo de cartucheras y un maltrato violento de pequeño por parte de su tortuga.
     Están también aquellos que jamás cambiaron su vieja cartuchera de segundo grado, esa de dos y hasta tres pisos cubiertas con plástico transparente y dibujos de los power rangers, o sailor moon y elásticos dentro para que los útiles no anden sueltos. Que se puede decir de estos sujetos. No se distingue donde terminan ellos y comienza la falda de su madre. Podría escribir horas sobre su abundancia de ñoñez, capacidad psicópata reprimida y su ausencia de vida social, pero es más divertido tirarles tizasos y pegarle papeles. Y no les gustan los simpsons.
     En el fin de la escala están los que usan cartuchera de lata. Justamente, tipos latosos. Increíble falta de autoestima y necesidad de afecto y atención. Probablemente a causa de ser espiados toda su vida por un polaco ciego. ¿Puede ser que siempre se les caiga la cartuchera en el preciso momento en que logras concentrarte en el parcial? Intentan disimularlo con un sonrojamiento, pero no, todos sabemos que lo hacen intencionalmente porque disfrutan de la sinfonía de 15 minutos que se crea al golpear las partes de su cartuchera contra todo lo que hay entre el metro de distancia que hay entre la tabla de sus silla y el piso.
     Mas allá de todos, están aquellos que no quieren tener clasificación, estos son los peores. No usan cartuchera. Llevan solo lo que creen precisar suelto, en un bolsillo, dentro de una carpeta, donde puedan. Improvisados, gente de la más egoísta que pretende usar a sus compañeros que si llevan sus cosas, en caso de necesitar algo que no llevaron. Seguramente abandonados de pequeños bajo el banco de una plaza solo con una manta y un lápiz sin punta.
     Esta es la primer etapa de los moldes. Seguramente fueron sorprendidos y en este momento están pensando en sus cartucheras para autoanalizarse, no se asusten. Lo normal no existe.

sábado, 26 de junio de 2010

Peligro en casa

       Existe una gran diferencia entre ser paranoico y ser realista. Yo realmente no se cual es. Lo que si se, es que las cortinas son peligrosas. Peligrosas como muy pocas cosas en la vida. Fíjense nomas que siempre, no importa el tipo de cortina que sea, ni su nacionalidad, ni su color, ni su religión, siempre ocultan algo. ¿Con que necesidad? Uno les permite ingresar al hogar, confía en ellas, sin embargo, nunca son del todo transparentes.
       Al principio no entendía, pero era tan evidente, ¿Cómo puede uno confiarse de algo que se mantiene ahí quieto todo el día, en el mismo lugar, mirando fijo un mismo punto y meciéndose de a momentos como si padeciera autismo?, es obvio que algo traman. Por eso siempre le pido a mamá que las lave por separado en el lavarropas. Si solas son peligrosas, imagínense si dejamos que se organicen. Yo por las dudas siempre les doy dos o tres centrifugadas de más y dejo un frasco con polillas frente a la tapa para infundirles respeto.
       Claramente, las más peligrosas son las cortinas de baño. No hace falta demasiada aclaración. En toda película de terror hay una de ellas involucrada. A mí se me pone la piel de gallina cuando llega la escena de la cortina. De todos modos solo deberían preocuparse las chicas sexys y voluptuosas.
       De mismo modo, podemos advertir lo buchonas y lamepies (quedaba feo decir lameculos) que son las típicas cortinas de oficina, cuando se dejan correr por los diabólicos dedos del jefe, para que éste por la diminuta ranura que generó, descubra que no solo jugamos buscaminas y hacemos clics en cuanto “me gusta” se nos cruza en facebook, sino que además lo estamos criticando en el blog.
       Hay mucho mas para contar, pero sus cortinas pueden estar espiando por sobre sus hombros. Cuando sea seguro, voy a contarles sobre esas cortinas secretas que se hacen pasar por vestidos y las mujeres ingenuamente las usan.

sábado, 19 de junio de 2010

Ingenuidad

     Sopa. Así comenzó este delirio. Con sopa. Algo tan común puede hacer que descubramos algo tan importante. Tan trascendental. Mi estomago es un ingenuo. Descubrí que es casi tan ingenuo como yo. Fácil de engañar. Fácil de convencer. Dándole un poco de agua con sabor a verduritas (¡que grande la sopa Quick!), el tipo se cree que esta cenando. Mi estomago es así.
     Esto me llevó a pensar que otras partes de mi cuerpo pueden ser ingenuas. Por ejemplo, ¿mi riñon pensará que tiene un hermano gemelo? ¿Mis dedos del pie se creerán lindos? ¿Mi apéndice pensará que es útil?.
     Hablando de apéndices, tengo pruebas y testigos que justifican el porque de la peritonitis. Desde su nacimiento el apéndice se cree superior, se cree indispensable e irreemplazable, el titan de los órganos, el rey de los intraperitoneales. Pero en cierto momento de nuestras vidas, si nuestro hígado recibe demasiado alcohol y ya no mide el peligro de sus palabras, ¡zas!, vomito de verdad: -No, pequeño órgano afuncional, si es que se te puede decir órgano, no servís mas que para usurpar el espacio que podría estar ocupando una glándula para el sentido común.-. En ese momento el apéndice literalmente explota de rabia y he ahí la maldita peritonitis.
     Volviendo al tema de los ingenuos en mi, como ya no recuerdo mucho del páncreas y la fantástica biología del colegio, no puedo criticarlo ni acusarlo de ingenuo (ya investigaré en la wikiCIA sobre su pasado oscuro, o en su defecto en su facebook).
     Órganos ingenuos si los habrá...  La OEA por ejemplo, que cree que porque somos todos americanos, Maradona y Pelé se van a llevar bien.
     Por suerte tengo partes que no son ingenuas, lástima que todavía no las reconozco, intente preguntarle al pelo, pero luego de un rato de charla descubrí que piensa que va a estar conmigo por mucho tiempo mas... pobre ingenuo. También intenté con mi ombligo, a quien creí el mas centrado, pero bastaron un par segundos para que me pregunte porque los planetas giraban al rededor de él. En fin, ni me gaste por pasar por la lengua, y menos que menos por el corazón. Es así. Soy ingenuo desde las vísceras.