miércoles, 4 de noviembre de 2009

Un mal retorno (Volumen 2)

6:40 AM: El colectivo tardo menos de lo esperado. A lo lejos se divisa que viene con mucha (realmente mucha) gente a bordo. Al parecer venia recogiendo la mayoría de los ciudadanos que habían salido de los bares a la hora de cierre. Con un movimiento de su cartera de brillos y lentejuelas un@ de sus nuevas amig@s detiene el transporte. Por caballerosidad nuestro sujeto amigo deja pasar a todos los que esperan sin tener ni la mínima idea, de que su decisión lo llevaba derecho a ser el único que quede debajo, al grito de: -Acá ya no puedo subir más nadie, tomate el que sigue pibe.-. Sus venas comienzan a hincharse sobrenaturalmente. Harto de esperar colectivos decide buscar un taxi, ya sin importarle el gasto, solo llegar a su casa y poder descansar.

6:58 AM: Luego de una caminata por las cuadras adyacentes de unos cuantos e interminables minutos, un taxi se avecina a las pocas cuadras. Con las pocas ganas de vivir que quedan hace señas y se alegra al notar que algo bien le sale cuando ve las luces de stop del vehículo encendiéndose. Iluso.

7:03 AM: Acomodado ya en el asiento trasero, detrás del conductor, de un Renault 12 modelo ’72, se relaja casi sintiendo el suave algodón de su almohada en su rostro e indica la dirección de su casa al señor taxista. Su ilusión duró lo que el viejo automotor en hacer dos cuadras. Con su primera excusa de que algo molestaba en el respaldo de su asiento, el conductor extiende su brazo derecho hacia atrás y comienza sin reparo alguno a acariciar su pierna al mismo tiempo que hacia comentarios sobre lo extraño, poco masculino y oportuno de su retorno a dormir “solo” una noche de sábado. Quizás escrito no aparente tan terrible. Yo los reto a que se suban solos en la madrugada al asiento trasero de un vehículo cuyas puertas solo se abren del lado de afuera, con un hombre de bigote tupido que los mira por el espejo retrovisor con los ojos muy abiertos y sonrisa picarona, a la vez que estira su brazo para comprobar que tan suave es tu rodilla. Sin mencionar el hecho de que colocó un stereo Pioneer con 4 parlantes de 250W mas dos tweeters solo para escuchar una y otra vez el CD de Mika.

7:25 AM: Arrinconado ahora contra el lado opuesto del asiento trasero, se ríe para su interior comprobando que es la primera vez que no se queda casi dormido al volver a su casa. Imposible dormirse, ¡quien supiera las consecuencias!. Así y todo aún quedaban tres cuadras por llegar a casa. Tres cuadras sin asfalto y casi recién llovidas, imposible que el viejo Renault avance. El taxista detiene el vehículo, se gira completamente y con una expresión casi de “puchero” dice: -Hubiese sido lindo saber donde vivís, pero el Renolito no pasa por acá, es sensible-.

7:35 AM: Caminó las cuadras que faltaban ya sin importarle el barro que alcanzaba sus pantorrillas. Solo llegar. Llegar, entrar y dormir. Parecía tan sencillo. Hay muchas expresiones, referencias, sinónimos para cuantificar lo mufa que puede llegar a ser una persona, creo que a él le quedan chicas. Parado frente a la puerta de entrada de su domicilio descubre que sus 16 bolsillos incluyendo los del jean, campera, buzo, medias y calzoncillo, son realmente de vicio, porque ninguno contiene las llaves de su casa. El timbre no funciona. Golpear la puerta desaforadamente no es la mejor manera de despertar a nadie. Conclusión: las petuñas del cantero de la entrada son mas cómodas y suaves que el algodón de la almohada.




PD: Despierta con la certeza de ser el primer ciudadano marplatense en cambiar un despertador convencional (de esos que hacen pi pi pi pi pi) por la orinada de un perro callejero y sarnoso.

lunes, 26 de octubre de 2009

Un mal retorno

Inspirado en amigos personales. A ellos va dedicado.
¿Alguna vez han salido una noche de sábado pero sin mucho ánimo?, simplemtente impulsados por palabras optimistas de amigos cercanos. Esos días son en los cuales el retorno es aun mas difícil. Los retornos son realmente difíciles si uno tiene muchas ganas de llegar. Pero jamás tuvieron un retorno difícil, no si lo comparan con el de él…
Sujeto de mediana altura, pelo corto castaño, increíbles ojos marrones, físico atlético y postura elegante. Nadie pensaría que la suerte lo había abandonado.

5:30 AM: Intenta tomar uno de esos colectivos que aún circulan, pero con frecuencias realmente desesperantes. Así es, luego de una bella y paciente espera de hora y cuarto el colectivo se aproxima a paso de hombre a dos cuadras. Al subir e ingresar la tarjeta en el dispositivo receptor de tarjetas, nota que un gran cartel rojo dice: VALOR. Con medio giro de cabeza nota que sus compañeros de viaje son, dos pescadores dormidos, dos travestis que le giñan el ojo y levantan su falda (si, aun era posible un poco mas) y cuatro sujetos de procedencia dudosa pero cantidad de alcohol seguramente muy elevada. Sin mas remedio al pedido de: -¿No tendrían un boleto de más en su tarjeta para prestarme?- Recibe un: -eh gato, yo te doy, pero te sale cinco pe’- Asaltado cual espectador en teatro por un pochoclero, abona su boleto más caro.

5:45 AM: Cuando aun faltan unas cuarenta y siete cuadras para llegar, el colectivo simplemente detiene su motor. Al parecer el unico preocupado por el suceso es nuestro amigo. Se acerca al chofer para preguntar el motivo de la detención y entre el gran diccionario de insultos realmente originales y el sonido del motor del colectivo intentando arrancar nuevamente llega a entender que debe bajarse y esperar el colectivo que sigue, porque este ha llegado al final de su vida útil.

5:50 AM: Nuestro sujeto se encuentra en medio de la nada oscura, con dos pescadores ahora comentando a los presentes su desafortunado intento de pescar sin carnada porque el precio de la misma les parecía exorbitado. Cuatro “personajes” dibujando sus nombres con vómitos y otras expeleciones orgánicas en las paredes vecinas y hablándole a su odio intentos de palabras que aún luego de procesadas y traducidas no llevan coherencia cada una con la siguiente. Y dos travestis intentado encontrar el adjetivo adecuado para decirle y producirle un deseo de ser el tercero de su aventura “especial”. La espera va a ser larga… muy larga.

(CONTINUARÁ…)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Coincidencias

En un día especial como hoy: 09/09/09 me gustaría recalcar el poder de las coincidencias. COINCIDENCIA… faaa! (expresión de magnitud) que palabra imponente, importante.

Las coincidencias nos rodean constantemente, por doquier, a mansalva. Todo lo que nos rodea es una coincidencia, cada cosa que pasa. A veces se hacen notorias, en general simplemente pasan desapercibidas. Desde el hecho de tomarnos el mismo colectivo que un compañero en distintas paradas sin ponerse de acuerdo, hasta encontrarse ambos misionando en el Congo Belga una misma religión en la que los plátanos son dioses y los porotos ambrosía (la religión se llamaría: platosrotos (platos: abrev. De plátanos, rotos: fin. De porotos)).

Coincidencias, nadie puede decirme que no se encontró alguna vez a una persona que no esperaba en la intersección de dos esquinas. ¡Es algo que me fascina! Siempre me pasó, ponerme a pensar en la inmensidad de sucesos continuos que tuvieron que ocurrir a ambos sujetos para que en el preciso instante de tiempo se encuentren en el preciso lugar del espacio. Un cordón desatado, un semáforo de mas, una ultima mirada en el espejo, un olvido de llaves, una simple distracción en una vidriera… tantas tantas cosas pueden y tienen que pasar para que eso se de. Las probabilidades de que ocurran simultáneamente son prácticamente nulas, y sin embargo a casi todos, me arriesgaría a decir que a todos nos pasó alguna vez cruzarnos a alguien que no planeamos en algún lugar (todo esto me lleva a pensar que la cantidad de matemáticas que aprendí en mi carrera son inútiles e ineficientes).

A veces las coincidencias también son buscadas e incitadas para nuestro provecho, casos en los que en realidad no hay coincidencia sino una macaneada oportuna. Sean los casos:

CASO 1: Alguien se retira de una reunión informal entre amigos. Se genera una falsa necesidad del traslado de un objeto dándose la siguiente conversación:
Sujeto 1: -¿Vas para allá? -
Sujeto 2: - Si. -
Sujeto 1: (Con cara de coincidencia y en postura de pelvis adelantada) - Llevame esta -

CASO 2: En un boliche/pub/confitería bailable. El muchacho se acerca a la muchacha con el pensamiento de que las coincidencias son afrodisíacas.
Muchacho: - ¡Hola muchacha! ¿Sos de acuario?-
Muchacha: - No.-
Muchacho: - ¡Pero que coincidencia! ¡Yo tampoco! ¿No estamos hechos el uno para el otro?

Las coincidencias nos rodean constantemente, lamentablemente no creo que existan…